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Gran parte del éxito futuro de nuestra sociedad dependerá del grado de formación y de la capacidad de adaptación de todas las personas

El capital humano es la base de la riqueza de las naciones. Esta es la conclusión principal que arrojan un número creciente de estudios y análisis de organismos internacionales, que insisten en la importancia de invertir en educación, formación profesional y calidad del empleo para aumentar la productividad, mejorar la equidad de la distribución de la renta y, con ello, aumentar el crecimiento potencial de la economía.

En este contexto, en España existe un acuerdo generalizado sobre la necesidad de impulsar la Formación Profesional como una de las claves principales para tener un desarrollo sostenible desde el punto de vista económico y social. Gran parte del éxito futuro de nuestra sociedad dependerá del grado de formación y de la capacidad de adaptación de todas las personas y su contribución activa al progreso económico.

Tal y como el Gobierno viene anticipando, a punto de finalizar el año la economía española registra tasas de crecimiento por encima del promedio de la Zona euro. Y todos los organismos nacionales e internacionales prevén que esta situación positiva continúe el año que viene, si bien a un ritmo más moderado.

Es importante aprovechar este contexto económico favorable para abordar las reformas estructurales de más calado; las que responden a los retos de futuro y pueden conducir a un crecimiento más sólido y sostenible en el medio plazo.

Además de los principales desafíos globales –como la digitalización y el cambio climático-, la economía española se verá influida por el proceso de envejecimiento de la población, la todavía baja tasa de ocupación femenina y los escasos avances en la productividad de los factores productivos en un contexto de bajo nivel de capacitación digital de la población, un tejido empresarial basado en pymes de muy pequeño tamaño e insuficiente inversión en I+D y capital tecnológico.

Si bien hemos sido capaces de crecer de manera intensa, no hemos logrado compatibilizar la creación de empleo con mejoras sustanciales de la productividad. La formación profesional, la recualificación a lo largo de toda la vida laboral, es absolutamente clave para avanzar, y queda mucho por hacer.

Diversos estudios estiman que casi la mitad de los empleos que se crearán en 2025 en España requerirán un nivel de cualificación media. Sin embargo, estamos muy por debajo de la media comunitaria en jóvenes que eligen FP de grado medio. En paralelo, un tercio de la población activa española presenta un nivel bajo de cualificación, cuando en los próximos años solo un 14% de los puestos de trabajo podrán ser cubiertos por trabajadores sin formación, lo que incrementa su vulnerabilidad y riesgo de desempleo.

Esta situación obliga a una “gran migración” de las categorías de baja cualificación hacia las titulaciones intermedias, atraer a más jóvenes a una oferta renovada de grados de FP, reducir el abandono educativo temprano y, a la vez, reactivar a los adultos mediante formación a lo largo de la vida y un sistema de certificación de su experiencia profesional.

Para avanzar hacia estos objetivos, el Gobierno ha aprobado el primer Plan Estratégico de FP 2019-2022 que reforzará la flexibilidad y la actualización continua del sistema de formación, para lo que ya hemos comenzado a implicar a las empresas y a agilizar la respuesta a las necesidades de cada sector productivo.

En colaboración con las asociaciones empresariales y con las comunidades autónomas, estamos actualizando el catálogo para incorporar 80 nuevas titulaciones y cursos de especialización, asociados sobre todo a la digitalización. También actualizaremos los contenidos de los 183 títulos ya existentes para que en todos ellos se incorpore un nuevo módulo de digitalización aplicada a cada sector productivo.

Además, será preciso crear 200.000 nuevas plazas de Formación Profesional de aquí a 2025, reforzar la formación del profesorado, su movilidad y vinculación a los sectores productivos, así como la internacionalización y la apuesta por la FP dual, que combina formación en el centro formativo y en la empresa.

Esta apuesta ambiciosa y transformadora requerirá de la aprobación del proyecto de Ley de Educación remitido a las Cortes en la pasada legislatura. Esta ley marco y otras normas específicas situarán a la FP como uno de los pilares del sistema educativo, desde la igualdad y sin estigmas negativos. Pero más allá de los cambios legales, será preciso el compromiso de los diferentes niveles de Administración y agentes sociales para que la FP tenga un lugar prioritario en las inversiones públicas y se actúe de forma coordinada con un objetivo común y una perspectiva de medio plazo.

Es imprescindible apostar por la educación y la FP para el crecimiento sostenible y la mejora de la productividad. El Gobierno está firmemente comprometido con este objetivo y determinado a abordarlo de forma prioritaria en esta legislatura. Para que todos los ciudadanos puedan participar de los éxitos de las próximas décadas. Para construir nuestro futuro.

Isabel Celaá es ministra en funciones de Educación y F. P. y Nadia Calviño de Economía y Empresa.

Fuente: elpais.com

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